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Walking the Dog nos explica una historia de rock. Porque quién no ha conocido a algún artista en un bar ?

"Así es guapetones. No, yo tampoco me lo explico, pero así es. Intentaré explicaros con cierto detalle los motivos que llevaron a mi ya ex-amigo Quique a gritarme con la cara desencajada a unos metros de su hotel: LÁRGATE! LÁRGATE YA! QUE TE LARGUES!
Mi ex-amigo Quique tocó el pasado viernes en Motril, un pueblo de la costa de Granada, y al día siguiente él y su banda perdieron el avión, por lo que pasaron la jornada en Granada. Eran las ocho de la tarde cuando los vi entrar en el que es el mejor bar de rock and roll del país, según las palabras de los Deltonos. Precisamente el guitarrista de Los Deltonos, un tío de puta madre por cierto, formaba parte de la banda de mi ex. Con una lucidez visionaria, amén de un profundo sentido de la diplomacia, al intercambiar unas palabras con él le puse sobre aviso: 'Si a las 3 o así estoy muy cocido y os doy mucho la chapa, tú dile al camarero que me eche del bar'. Io non sono un traditore, como podeis ver.
Efectivamente, y puede que se deba a que llevo desde los 12 años conociéndome a mí mismo, a las 3 de la mañana estaba más pedo que Alfredo y dándole la chapa a todo el mundo. Aquí empieza la historia de mi entrada y posterior expulsión del selecto círculo de amistades de Quique.
Todo empezó cuando yo estaba haciendo uso de mis petersellerescas artes amatorias para seducir a las dos chavalas que se quería llevar al hotel mi ex-amigo (para 'follarlas con vicio', imagino). Me encontraba delante de ellas, contándole uno de los cuentos de creación propia que le cuento a mi sobrino en las resacosas mañanas de los domingos, cuando mis órganos de vivir aún responden a vicisitudes alcoholizantes. En concreto, el cuento que elegí para la ocasión era LA INCREIBLE HISTORIA DE CHARQUILLO GUARRO/CHARQUILLO DE BARRO, del que me siento verdaderamente satisfecho. Las chicas estaban disfrutando de mi desbordante capacidad creativa cuando Quique González se sentó delante mía para escucharla también. 'Apunta la historia Quique, que aquí hay una canción', le recomendé. Ahí estaba yo, borracho perdido, contándole a Quique González uno de los cuentos preferidos de mi sobrino de 5 años. Lo que mal empieza mal acaba.
Poco a poco mi ex y yo nos fuimos dando cuenta de que nos queríamos follar a las mismas chavalas, y la tensión fue creciendo entre nosotros. He estudiado en un colegio de pago, y he recibido allí una formación lo suficientemente completa como para darme cuenta de que cualquier chavala de a pie prefiere liarse con un tío que se llame Quique González que con un borracho desquiciado con un aspecto físico que oscila entre Bob Dylan y el Luisma de Aida. Pero también he leido muchas novelas negras, y siempre me he sentido especialmente identificado con aquellos personajes perdedores que mueren matando. Hablando en plata, aquí o follamos todos o la puta al río.



Y empecé con mi labor de desgaste y erosión psicológica, con frases como : 'Quique date vidilla cojones, que si a mí me publicaran discos las tenía ya en el hotel'. Un alma sensible como la de mi ex no estaba preparada para eso. El bar acabó cerrando, y yo me uní a la tropa de mi ex (chavalas anónimas incluidas) en su camino hacia el hotel. Sabía que no iban a tardar demasiado en mandarme a tomar por culo, pero me divertía comprobar hasta dónde podía llegar. Puse mi mano sobre los hombros de Quique, como sólo hago con mis buenos amigos, y le dije 'Quique tío, ahora cuando estemos en el hotel, ¿qué vamos a ...'.
Mi ya ex-amigo, desesperado, no me dejó ni terminar la frase, y empezó a mandarme a tomar por culo con una violencia poco propia en corazones frágiles y sensibles como el suyo. Yo intenté poner la misma cara que el tío ese que no tuvo demasiado éxito en su intento de que Fernando Fernán Gómez le firmara un libro. 'Hay que ver Quique, este trato así tan vejatorio no sale en tus canciones, eh?', le preguntaba, pero estaba tan fuera de sí diciéndome que me largara, y gritándole a su banda que yo era igual que noséquién de Madrid (puede que fuera yo, incluso), que ni me escuchaba. Ellos siguieron avanzando, y yo me quedé parado mirándoles, en plan 'No me abandones'. Cuando se habían alejado unos 50 metros, mi ex seguía dándose la vuelta nervioso para ver si les seguía, y al ver que yo todavía no había abandonado su campo de visión comenzó a gritar de nuevo. Era tal la desesperación a la que le acabé llevando que de camino a mi casa me regocijé en la idea de que pegara un gatillazo con las chavalas, acordándose de mí mientras las 'follaba con vicio'.
Y así fue como entré y salí del selecto círculo de amistades de Quique González"
Anotación por LMH a las 13:17:32 | Comentarios (0)
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